Conectarse a un mundo nuevo en trescientos baudios de velocidad Conectarse a un mundo nuevo en trescientos baudios de velocidad
En el año 1989 las comunicaciones entre equipos informáticos formaba parte del cine de ciencia-ficción, Internet se reducía a un uso académico y gubernamental... Conectarse a un mundo nuevo en trescientos baudios de velocidad

En el año 1989 las comunicaciones entre equipos informáticos formaba parte del cine de ciencia-ficción, Internet se reducía a un uso académico y gubernamental y todavía tardaría casi tres años en liberalizarse… y otros tres más en estar accesible en España para el uso público y particular.

En 1989 tenía catorce años de edad —apunto de cumplir quince años— y era uno de los pocos privilegiados que en mi zona disponía de un «módem» con el que podía convertir señales digitales del ordenador en analógicas para la línea telefónica, y viceversa: modular y demodular señales. Aquello quería decir que podía usar mi ordenador para utilizar la señal telefónica para conectarme con otros ordenadores localizados en cualquier parte del mundo.

Aquél módem que tenía era externo, costaba unas sesenta mil pesetas de la época —que actualmente podríamos transformar en unos seiscientos euros si tenemos en cuenta el aumento del coste de la vida—, y disponía de dos velocidades de transmisión: trescientos baudios, y mil doscientos baudios; pero cuidado, ya te avisaban que pocas líneas telefónicas de la época podían alcanzar la velocidad más alta, era necesario esperar a la evolución tecnológica mientras te conectabas a los trescientos baudios. Y en aquellos años las evoluciones tecnológicas llegaban… cuando llegaban. Es importante aclarar que en 1989 hablar de trescientos «baudios» era hablar de bits por segundo de transferencia, ya que los «baudios» y los «bps» se igualan en velocidades bajas.

Aquel módem no servía de nada si no lo conectaba al puerto serie de mi ordenador, concretamente al de veinticinco pines, porque el de nueve era demasiado moderno ¿Qué es un puerto serie? Pues algo que se utilizaba muchísimo hace tres décadas y que en la actualidad no existe en los equipos informáticos, ya que fue sustituido por puertos más modernos como el «USB» —sin olvidar que en la informática industrial todavia se utilizan puertos serie—.

Retomando el asunto del puerto serie, si quería conectar el módem a mi ordenador necesitaba la conexión a ese puerto concreto, y por lo tanto necesitaba crear un cable con las conexiones y cruces necesarios para lo que espera un terminal de comunicaciones. Busqué una persona experta en soldaduras para que me hiciera el cable; lo hizo por cinco mil pesetas de la época. Con el paso de los años los cables que necesitaba para cualquier fin, me los hacía yo mismo… en el año 1989 y con mis catorce años todavia me faltaba madurar muchos conocimientos.

Contaba con el módem externo y el cable, el siguiente paso era usar un software de terminal para ejecutar las comunicaciones. Pongamos el escenario: en aquellos años no existían en el mundo «PC» los sistemas operativos con entorno gráfico, en un «PC» la mayoría usábamos el «MS-DOS» de Microsoft, que era un sistema operativo en modo texto y todo se ejecutaba mediante complicados  comandos de gran abstracción. Tampoco existían navegadores de Internet, ni existían direcciones donde abrir páginas ¿Cómo funcionaba aquello de las comunicaciones? Pues era necesario conocer los números de teléfono directos de cada ordenador al que ibas a conectarte, y dicho ordenador debía contener una «BBS» o «Bulletin Board System», que es una especie de aplicación en modo texto (sin gráficos) que es el origen de la información; digamos que cada página web que conocemos en la actualidad, sin gráfico alguno, estaría en un ordenador concreto en un domicilio concreto y conectado a un número de teléfono a la espera de recibir llamadas entrantes. Esos ordenadores es lo que ahora llamaríamos «servidores de Internet». Los números de teléfono de las «BBSs» eran fáciles de localizar en las revistas de informática que se publicaban con periodicidad mensual. Pero… ¡cuidado!… si llamabas a una «BBS» de Estados Unidos, había que pagar el coste de la llamada desde tu domicilio al destino como si estuvieras hablando de voz. Por eso buscaba «BBSs» provinciales o locales, cuya tarifa era más barata.

Disponía de mi ordenador (un Dynadata PC 8088 XT), un módem externo, el cable serie, el terminal de software —pongamos por ejemplo el «Carbon Copy»—, y contaba con números de teléfono de diferentes «BBSs». Una vez que tenía todo… ya está… encender el ordenador, abrir el navegador, y poner una dirección… pues no. Una vez todo en marcha era necesario abrir el terminal de comunicaciones y ejecutar todo el proceso de descuelgue, llamada, conexión, cuelgue mediante comandos de texto con una sintaxis concreta. Una vez ejecutados los comandos, podíamos acceder concretamente a la «BBS» asociada al número de teléfono marcado. Y lo que podíamos ver era un pequeño mundo de letras y gráficos simulados con caracteres de tipo texto, pudiendo acceder a la información que aportaba dicha «BBS».

En la actualidad nada del mundo «BBS» y los «módems» sorprendería al público en general, estamos «demasiado interconectados», pero en aquellos años no existía ningún tipo de conectividad fuera de la linea de voz del teléfono, y cuando la gente veía aquello, quedaba perpleja sin entender como un ordenador se podía conectar con otro a miles de kilómetros de distancia… un mundo nuevo a trescientos baudios de velocidad.

El módem y la «BBS» forman parte de las leyendas de la informática.

Manuel Director

Analista informático, desarrolla su labor profesional para importantes clientes en una empresa de Ingeniería de Software. Entre sus logros se encuentra haber ganado un premio internacional, y otro premio a nivel nacional, además de otras dos importantes menciones, todo ello relacionado con el mundo de Internet y la informática. Además es el creador de varios desarrollos de software freeware de gran éxito en varios países. En su tiempo libre fuera de su labor profesional es Director de ParcelaDigital.

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