Imprimiendo con un ordenador a finales de los años ochenta y principios de los noventa Imprimiendo con un ordenador a finales de los años ochenta y principios de los noventa
En el año 1987 tuve mi primera experiencia con una impresora para ordenador, concretamente con una impresora de marca NewPrint conectada a mi ordenador... Imprimiendo con un ordenador a finales de los años ochenta y principios de los noventa

En el año 1987 tuve mi primera experiencia con una impresora para ordenador, concretamente con una impresora de marca NewPrint conectada a mi ordenador Amstrad CPC6128. Aquella impresora de matriz de 8 puntos, o también conocida como impresora de aguja, eran capaz de imprimir diferentes tipos de letra e incluso gráficos, pero de baja calidad, bajo una lenta impresión, y haciendo bastante ruido.

De todas formas, en ese mismo año de 1987, era raro encontrar una impresora en un domicilio particular, así que cualquier cosa que pudiera hacer aquella máquina era totalmente «memorable». Existían en aquellas impresoras de aguja diferentes elementos comunes… una cinta que duraba mucho —pero que también parecía estar la tinta gastada nada más estrenar una nueva—, un rodillo del estilo a las máquinas de escribir, y unos conectores como «pinchos» para «enganchar» el papel continuo o papel pijama

El papel continuo tenía a ambos lados el borde con los agujeros por donde la impresora «enganchaba» el papel para ser introducido en el rodillo.

¡Sí! La impresión de los años ochenta y noventa estaba directamente asociada al papel continuo o papel pijama; aquel característico papel que venía en una caja de cartón, se abría por la parte superior, se colocaba en el suelo alineado con el rodillo, y se podía imprimir hojas y hojas sin que aquello pareciera terminar nunca. El papel pijama era un papel continuo que, en vez de venir en blanco, venía con franjas horizontales alternadas por fondo blanco y azul, y que también solía lleva líneas horizontales marcadas. Y el papel continuo tenía a ambos lados el borde con los agujeros por donde la impresora «enganchaba» el papel para ser introducido en el rodillo; todavía recuerdo la habilidad que requería coger un taco de hojas de papel continuo recién impreso, para quitar todo el borde en todas las hojas a la vez sin pasarse de la línea troquelada y sin romper ni una sola hoja en su parte principal.

Pero quizás me esté adelantando… ¿por qué hablar de las impresoras matriciales primero? Antes de existir las impresoras matriciales existieron las impresoras de margarita. Es importante comentar que, en los años ochenta, el uso de la informática para el procesamiento de textos todavía no se había globalizado, hubo un largo periodo de tiempo en el que las empresas se fueron habituando a la informatización ¿Qué era lo más usado en las oficinas? Las máquinas de escribir electrónicas, que llegaron a ser realmente potentes y complejas al incorporar una pantalla LED donde se podía corregir el texto antes de imprimir. Y las máquinas de escribir llevaban una «margarita» con toda la tipografía; aquellas máquinas contaban con mucha calidad de impresión, pero si querías cambiar de letra, debías cambiar la pieza de la margarita por otra con nueva tipografía. De ese tipo de máquinas de escribir electrónicas provienen las impresoras de margarita.

Aún siendo la impresora de margarita más rápida y de mayor calidad de impresión, la posibilidad de imprimir en la misma hoja diferentes tipos de letra, e incluso gráficos, hizo evolucionar a la impresora matricial sobre la impresión de margarita.

Para finales de los años ochenta era muy raro encontrar una impresora de margarita operativa: en las oficinas se podían encontrar impresoras matriciales, o máquinas de escribir electrónicas. No obstante, allá por el año 1989, pude trabajar con una impresora de margarita que estaba conectada a un PC en una academia donde estuve aprendiendo a programar en COBOL. Utilicé la impresora margarita para imprimir los programas en COBOL. Aún siendo la impresora de margarita más rápida y de mayor calidad de impresión, la posibilidad de imprimir en la misma hoja diferentes tipos de letra, e incluso gráficos, hizo evolucionar a la impresora matricial sobre la impresión de margarita, ésta última, en realidad, murió cuando la informatización hizo desaparecer a las máquinas de escribir de las oficinas.

Con mi impresora NewPrint y mi ordenador Amstrad CPC6128 podía hacer poco más que imprimir una decena de tipos de letra, y unos sencillos gráficos que dibujaba con una aplicación Paintbrush. Para finales del año 1987 tenía en casa un Amstrad CPW8256 que era, en realidad, una máquina de escribir informatizada. Aquel equipo se compraba con monitor, teclado, e impresora bajo una unidad indivisible. Y también incorporó un fabuloso procesador de textos llamado LocoScript. Aquella máquina contaba con la circuitería y las unidades de disco integradas en el monitor, y no llevaba el BASIC pregrabado en ROM, como era habitual en las máquinas de 8 bits de la época; se arrancaba mediante las disqueteras y por medio de un disquete de tres pulgadas que contenía al estupendo sistema operativo CP/M. Existían videojuegos desarrollados para el equipo, pero aquel ordenador estaba destinado para ser un procesador de textos informatizado y para ser una máquina de trabajo. Con aquel ordenador descubrí lo que era un procesador de texto, y las diferentes posibilidades… un número elevado de tipos de letras, diferentes tamaños, cursiva, negrilla… etcétera.

Para el año 1988 ya había entrado en el mundo PC —que comenzaba a dominar el mercado europeo de la informática personal—. Con mi Dynadata PC fabricado por Daewoo, ordenador compatible de estética IBM 5150,  compré una impresora matricial de 9 agujas Amstrad DMP-3000… y con ello permanecí en el mismo mundo matricial que no había cambiado en nada… con la salvedad de que aquel modelo de impresora era innovador al no llevar rodillo para recoger el papel. Para aquellas fechas ya se estaban popularizando las impresoras de 24 agujas, de mayor calidad, y las costosas impresoras de carro ancho que poblaban todas las oficinas donde se ejecutaban labores administrativas. El ruido de las impresoras matriciales era tan particular —estridente diría yo— que para las oficinas se compraban campanas acústicas, y las impresoras matriciales se «encerraban» dentro de ellas para minimizar el ruido; se buscaba que el empleado no terminara «desquiciado» por un ruido molesto y continuo en la oficina.

El sistema de impresión matricial en color se basó en una cinta con hasta siete bandas de tinta de diferentes colores.

Posteriormente existieron impresoras matriciales que imprimían hasta en 7 colores como, por ejemplo, algún modelo de impresora Star, que fue una gran marca que fabricó muchos modelos matriciales diferentes en aquellos años ochenta y primeros noventa. Aquel sistema de impresión en color se basó en una cinta con hasta siete bandas de tinta de diferentes colores, y la impresora impactaba las agujas en cada color deseado, utilizando la misma tecnología que las antiguas cintas de dos colores —negro y rojo— utilizadas por las clásicas máquinas de escribir mecánicas.

En el año 1990 la empresa Hewlett-Packard lanzó una campaña en España para promocionar un nuevo tipo de impresora de inyección de tinta o chorro de tinta, y el modelo más popular —que no fue el primero de la tecnología— fue la impresora HP Deskjet 500. Pero antes de hablar de ese modelo, he de comentar que la primera impresora de chorro de tinta que vi funcionar fue una HP PaintJet de color en la Feria de Informática celebrada en la Feria Internacional de Muestras de Asturias en Gijón en el año 1989; presencié en directo el proceso de impresión de una máquina que era capaz de imprimir en una amplía gama de colores bajo una nunca vista resolución de 180 DPI. Aquella impresora era de chorro de tinta, pero mantenía estructuras de la impresión matricial como el rodillo, y el papel continuo. Y, además, era necesario comprar un papel especial para imprimir con aquella impresora. Los gráficos que pude ver impresos en aquella Feria eran, sencillamente, espectaculares… nunca vistos. Pero aquella impresora fue un fracaso comercial, ya que en el año 1989 costaba en torno a las 280.000 pesetas, una cantidad de dinero que no era accesible para la informática personal o de usuario.

Volvamos a la impresora HP Desket 500; para el año 1990 había nacido un nuevo concepto de impresión de chorro de tinta solo en negro que alcanzó los 300 DPI de resolución… aquello era una gran resolución, y todos los que estábamos acostumbrados a la impresión matricial, aquella nueva tecnología nos dejaba boquiabiertos. Las impresoras de inyección de tinta eran rápidas, silenciosas, y de gran calidad de impresión. La primera impresora de chorro de tinta que tuve fue, precisamente, una HP Deskjet 500 que compré a finales de 1990 en el El Corte Inglés al precio de 99.000 pesetas; en aquellos años una impresora por ese precio era un chollo. Posteriormente, y cuando el color en chorro de tinta todavia no había evolucionado, compré en 1991 una HP Painjet gracias a su caída en el precio provocado por el nulo éxito comercial de la máquina… me costó 90.000 pesetas, y a los tres o cuatro años la vendí de segunda mano por 30.000 pesetas.

La impresión de chorro de tinta evolucionó hacia una gran calidad en color, y a la tecnología que había puesto Hewlett-Packard en el mercado español llegaron otros fabricantes a competir como EPSON, CANON, BROTHER, LexMark…

Al mismo tiempo que las impresoras de chorro de tinta en negro habían proliferado, también lo habían hecho las primeras impresoras láser, pero las segundas eran mucho más caras, aunque contaban con mayor calidad y el coste de mantenimiento era inferior: al tóner se le sacaba más rendimiento que a los cartuchos de tinta. Dos o tres años después de la aparición de la impresora HP DeskJet 500, la familia siguió aumentando al ser lanzadas al mercado impresoras de chorro de tinta de color; primero con un único cartucho de color que simulaba el negro haciendo mezclas, y después con cartucho de negro y de color independientes. La impresión de chorro de tinta evolucionó hacia una gran calidad en color, y a esa tecnología que había puesto Hewlett-Packard en el mercado español llegaron otros fabricantes a competir como EPSON, CANON, BROTHER, LexMark, etcétera. Las impresoras láser a color tardaron mucho tiempo en llegar a los domicilios, y no es hasta el año 2002 o 2003 cuando se empieza a ver un uso destacable de esa gran calidad aportada por el láser a color en la informática personal. Sobre otro tipo de impresoras muy utilizadas actualmente, como las impresoras multifunción, no hablamos porque comienzan a proliferar una vez entrado en el nuevo siglo… a partir del año 2000.

Para el año 1995 el escenario en España era el siguiente: en los hogares dominaban las impresoras chorro de tinta en negro y color, en la oficinas dominaban las impresoras láser de negro, en algunos casos impresoras casi industriales como el modelo HP Laserjet 4Si MX, pero sin renunciar a la eliminación de las impresoras matriciales ya que todavía eran necesarias para la impresión de formularios. Y en ambos casos, Hewlett-Packard dominaba el mercado de la impresión en España con total solvencia, dinámica que fue cambiando en favor de otros fabricantes al finalizar el década de los años noventa.

Manuel Director

Analista informático, desarrolla su labor profesional para importantes clientes en una empresa de Ingeniería de Software. Entre sus logros se encuentra haber ganado un premio internacional, y otro premio a nivel nacional, además de otras dos importantes menciones, todo ello relacionado con el mundo de Internet y la informática. Además es el creador de varios desarrollos de software freeware de gran éxito en varios países. En su tiempo libre fuera de su labor profesional es Director de ParcelaDigital.

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