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Opinión

Programando una aplicación de gestión en el año 1990

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aplicación de gestión

En los años ochenta el antiguo lenguaje COBOL era el producto estrella para desarrollar aplicaciones de gestión… pero era pesado en el proceso de la programación. En esa misma época había nacido un nuevo gestor de base de datos llamado dBASE creado por una empresa llamada Ashton-Tate, y había logrado estandarizarse dentro del mundo PC.

En el año 1990 los ordenadores de 8 bits basados en el Zilog Z80 comenzaban a perder mercado en favor del mundo de la arquitectura creada por IBM para el PC… comenzó el camino de la reducción de precios de unos ordenadores IBM PC y compatibles considerados inasequibles para la informática personal. Era el momento de explorar nuevos lenguajes de programación más completos que el BASIC, y también era el momento de acceder al mundo de la programación de aplicaciones de gestión… un mundo nuevo que comenzó a abrirse a los escalones empresariales más bajos y a los domicilios particulares en aquellos años.

En los años ochenta el antiguo lenguaje COBOL era el producto estrella para desarrollar aplicaciones de gestión… pero era pesado en el proceso de la programación. En esa misma época había nacido un nuevo gestor de base de datos llamado dBASE creado por una empresa llamada Ashton-Tate, y había logrado estandarizarse dentro del mundo PC; el producto dBASE incluyó, en versiones posteriores, un novedoso lenguaje de programación soportado por un intérprete de comandos… el mismo utilizado para gestionar las bases de datos creadas y almacenadas en unos famosos ficheros de extensión «DBF». En el año 1986 nació la versión dBASE III Plus, la más famosa y utilizada de toda la serie, y con ella muchos programadores se aventuraron a crear pequeños programas para gestionar datos.

El compilador Clipper abrió la puerta a un nuevo concepto llamado xBase.

La programación en dBASE III Plus solo permitía una discreta programación dependiente de la ejecución bajo su propio intérprete, pero una empresa llamada Nantucket Corporation decidió crear en 1985 un compilador para generar ejecutables de aquellos programas desarrollados en dBASE; la empresa americana aprovechó el momento para incluir una extensa librería de nuevas funciones no existentes en el gestor de bases de datos… aquel compilador fue bautizado con el nombre de Clipper, abriendo la puerta a un nuevo concepto llamado xBase que era un conjunto de herramientas para dBASE creadas por terceras empresas ajenas a Ashton-Tate… entonces se hicieron famosas algunas extensiones de archivos: DBF para las bases de datos, DBT para almacenar los campos «memorandum», NDX para crear los índices de búsqueda, FRM para los informes, LBL para las etiquetas…

El compilador Clipper creó un nuevo mundo destinado al desarrollo de increíbles aplicaciones de gestión compiladas y «linkadas», sin dependencia de intérprete alguno. Aunque existieron versiones más antiguas, y más modernas también, concretamente las versiones dBASE III Plus y Clipper Summer’87 revolucionaron el mundo de la programación de aplicaciones de gestión dentro del mundo PC a finales de los años ochenta y primeros años noventa.

El primer paso a dar al acceder a la programación en Clipper era conocer el manejo de la gestión de las bases de datos dentro de dBASE III Plus, crear las tablas, los comandos para insertar, editar, y borrar registros… o más bien marcar registros para ser borrados definitivamente con PACK o recuperarlos con RECALL… era necesario manejar con soltura el intérprete de dBASE III Plus, lugar donde era necesario crear las bases de datos y gestionar los datos de forma manual. También disponía de algunos comandos estilo SQL como SELECT.

Una vez dominado el dBASE III Plus era el momento de aprender la primera norma, la más básica, todos los comandos podían ser reducidos a las 4 primeras letras, ya que no existía ninguna repetición de nombre de comando a partir del tercer carácter. Por ello el comando DELETE, se podía utilizar como DELE, o el comando RECALL como RECA. Así se ahorraba espacio en el código fuente. Posteriormente, era necesario tener en cuenta que toda la potencia para el desarrollo de aplicaciones se encontraba dentro del Clipper, así que era necesario aprender como compilar para crear el fichero objeto, terminando por «linkar» para obtener el ejecutable.

Toda la programación de Clipper se desarrollaba en el interior de ficheros de texto de extensión PRG, necesitando un editor de texto —el más usado en aquellos años fue el Sidekick por ser un editor residente en memoria, con la gran ventaja que aportó aquello en un sistema operativo monotarea como era el MS-DOS—. Después se abría un mundo de posibilidades, y un estilo estético propio en modo texto que siempre identificó unívocamente a las aplicaciones de Clipper; las pantallas se creaban mediante @ SAY, y @ GET, y un espectacular @ PROMPT  terminado por un MENU TO permitía crear maravillosos menús de opciones con una barra de selección, algo inexistente en la programación en dBASE III Plus y que únicamente se podía lograr con Clipper.

En el modo texto se podían crear aplicaciones realmente buenas en el apartado gráfico, dando una apariencia de profesionalidad.

Al crear pantallas era necesario dominar la tabla de códigos ASCII dentro de la extensión para símbolos gráficos con la idea de utilizar los marcos dobles y marcos sencillos que nos permitían, a mano, encuadrar los diferentes apartados de cada pantalla; de tanto usar aquellos códigos ASCII se llegaban a memorizar todos los códigos… las cuatro esquinas duplicadas para la línea doble y sencilla, el marco horizontal y el vertical… y todo se combinaba haciendo un REPLICATE de fondo usando, por ejemplo, los caracteres ASCII 176, 177, ó 178 que aportaban una apariencia de tapiz de fondo de las pantallas. En el modo texto se podían crear aplicaciones realmente buenas en el apartado gráfico, dando una apariencia de profesionalidad.

Posteriormente tocaba desarrollar el grueso de la aplicación, un programa llamaba a otro mediante el comando DO, y retornaba al llamante mediante RETURN; los controles de errores no existían, y la depuración se basaba en colocar @ SAY en los puntos estratégicos para ver el valor de las variables en ejecución. A las bases de datos DBF de dBASE se accedía mediante el comando USE, se añadía un registro en blanco mediante APPEND BLANK, y se rellenaban los datos con REPLACE. Los campos se mostraban y se editaban mediante @ SAY … GET, pudiendo establecer el tipo de datos y el formato mediante PICTURE, y validar mediante VALID. El comando ZAP, el más temido de todos, era el que borraba de golpe toda una base de datos sin marca previa y confirmación posterior.

Las operaciones numéricas con la base de datos se podían realizar mediante SUM, COUNT, o AVERAGE, y los datos eran exportables a ficheros externos al DBF mediante COPY TO, normalmente se utilizaba el formato SDF para exportar al exterior. Con INDEX se creaban los índices para búsqueda, y con SEEK se ejecutaba una búsqueda mediante el índice activo. Si existía más de un índice, se utilizaba SET ORDER para activar el deseado. Con el comando LOCATE se podía buscar un registro sin índice pero… ¡cuidado!… la búsqueda podía retardar la ejecución de la aplicación. Las variables de memoria se podían almacenar en disco, en ficheros de extensión MEM, mediante el comando SAVE TO, y eran recuperadas mediante el comando RESTORE TO… lo más parecido a un fichero INI de Visual Basic 6.0 o al «app.config» de Visual Studio .Net.

En realidad, la programación era totalmente secuencial, y todo lo estructurada que el programador tuviera paciencia de «tabular» a mano en el editor de texto. No era una programación complicada, y un desarrollo de calidad para una aplicación de gestión se podía ejecutar en muy poco tiempo. Quizás el mayor problema era la depuración de errores, que siempre era ejecutada de forma manual. Para los procesos más comunes y habituales se solían reutilizar funciones creadas para una aplicación para incorporarlas a otra nueva en desarrollo; cuando se había finalizado el primer desarrollo de una aplicación de gestión, incorporaba el estilo de programación propio de cada uno y servía de base para las siguientes aplicaciones a desarrollar, sobre todo en el apartado de visualización y gestión de bases de datos. Por tanto era habitual utilizar como base un proyecto anterior en cada nuevo programa a crear.

El proceso de compilado creaba un fichero objeto de extensión OBJ inteligible para el sistema operativo.

Una vez que el archivo DBF de  base de datos estaba creado, y todos los archivos PRG de programación desarrollados, era el momento de compilar y «linkar». El proceso de compilado creaba un fichero objeto de extensión OBJ inteligible para el sistema operativo. Para ello se utilizaba el archivo Clipper.exe que era el compilador que, partiendo de los ficheros PRG, creaba los ficheros OBJ. Después de obtener los ficheros objeto, se requería el «linkado» para unir al fichero objeto las rutinas más básicas que requería el software para ser ejecutado en MS-DOS, y para ello se utilizaba el famoso comando PLINK86 FI.

El «linkado», en realidad, era un proceso común para el sistema operativo MS-DOS, ya que el fichero OBJ era el mismo independientemente del compilador utilizado (RM-COBOL, BASIC, Clipper, etcétera), y lo que todo programador en Clipper aprendió rápido fue que el PLINK86 era muy lento. Todos los desarrolladores de aplicaciones en Clipper sustituían el «linker» entregado con el Clipper por otro más potente… unos utilizaban el RTLINK, yo utilizaba el TLINK, «linker» muy rápido y potente incorporado en el Turbo C. Con el compilado y «linkado» se obtenía el ansiado fichero EXE que permitía ejecutar dentro del MS-DOS la aplicación desarrollada.

¿El compilado y «linkado» se ejecutaba al final de desarrollo? Pues no. En realidad, para cada prueba de ejecución durante el desarrollo, para cada cambio, para cada pantalla nueva, para cada función nueva añadida, para poder ejecutar el proceso de prueba de la aplicación, era necesario compilar y «linkar» y obtener un fichero EXE. Por lo tanto se solía crear un proceso BATCH o proceso por lotes en un fichero de extensión BAT donde se ejecutaba todo el proceso de compilado y «linkado» de forma automática pasando, a modo de parámetro, el fichero PRG principal; dentro del BAT se ejecutaba en un tiempo récord todo el proceso de creación de un EXE.

El desarrollo de aplicaciones de gestión en el año 1990 era extremadamente flexible y rápida usando el dBASE III Plus y Clipper, pero la programación era más aburrida y contaba con menos posibilidades si la comparamos a los lenguajes de programación visuales modernos basados en objetos, procedimientos, funciones, clases, y eventos, todo ello asociado a conceptos como sobrecarga, herencia, polimorfismo, etcétera. Pero desarrollar una aplicación Clipper requería trabajar la informática de otra «forma» perdida en el olvido actualmente; las nuevas generaciones no conocen aquella informática. Y aquellas pantallas en modo texto diseñadas mediante REPLICATE, SAY, GET, y PROMPT disponían de su encanto y su dosis de ingenio.

En 1994, y a las puertas del mundo gráfico en los sistemas operativos, desarrollé a los 19 años de edad mi primera aplicación de gestión que vendí y tuvo éxito, fue programada íntegramente en Clipper para la gestión completa de un videoclub —negocio de gran éxito en aquellos años—. Aquella aplicación contó con todo el espíritu que he intentado plasmar a lo largo de este artículo y, además, fue el trabajo que me llevó a pasar de informático «amateur» a profesional ¡Como olvidar aquella programación en Clipper!

Nacido en Asturias, y residente en el País Vasco desde el año 2005, soy Arquitecto de Software, y desarrollo mi labor profesional en Ingeniería de Software desde hace más de veinticinco años, tanto en el sector industrial (Ingeniería I+D) como en la administración pública. Hasta la fecha he publicado cinco libros en formato papel entre los años 2009 y 2019, y he ganado varios premios nacionales e internacionales con asuntos relacionados con Internet. También realizo una labor de recuperación de la historia de la informática, y en el año 2018 publiqué el libro Historia de la Informática Personal, donde profundizo en la historia de la informática clásica. En mi web personal se puede encontrar más información sobre mí (https://manuel-llaca.com).

Opinión

¿Qué ordenador compro para casa?

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ordenador para casa

Después de más de treinta años comprando ordenadores solo puedo decir que comprar un ordenador para casa puede convertirse en un reto… o no…

Empecé en el mundo de los ordenadores a final de 1986, y de aquella había menos posibilidades y menos opciones para la compra de un ordenador para casa, un acto todavía considerado de poca utilidad en aquellos años. Existía una amplia variedad de ordenadores de 8 bits, y el mundo PC… ni siquiera Apple estaba muy implantado en la España de mediados de los ochenta.

El ordenador Amstrad CPC6128 marcó una época en toda Europa.

Mi primer ordenador fue un Amstrad CPC6128, una gran elección por su elevada memoria RAM para la época —128 Kilobytes—, su gran unidad de disco —cuando lo habitual eran los interfaces de cinta—, y un monitor en color propio. Ese modelo de ordenador marcó una época en toda Europa. Después llegaron otros ordenadores como, por ejemplo, el Amstrad PCW8256, hasta que logré hacerme con mi primer PC.

Poco después llegaron, masivamente, los ordenadores compatibles con PC… aquellos equipos idénticos a cualquier IBM PC, pero que no eran licenciados por el Gigante Azul… equipos nacidos a la sombra de la famosa historia de La Habitación Limpia. En aquella época me hice con mi primer ordenador PC, un Dynadata PC fabricado por la empresa coreana Daewoo; un robusto equipo de veinte kilos de peso basado en el microprocesador Intel 8088.

A finales de los años ochenta se empezaron a comercializar lo que se conocían como ordenadores clónicos.

A finales de los años ochenta comenzaron a operar los primeros fabricantes pequeños que, detrás de una desconocida marca, empezaron a vender lo que se conocían como ordenadores clónicos, equipos montados a nivel local al adquirir todos los componentes por separado. Así llegaron ordenadores con pinta de ser fabricados en una línea de producción, pero siendo, en realidad, ensamblados en pequeños talleres.

En los primeros años noventa el ámbito fue reducido todavía más… las pequeñas tiendas de informática comenzaron a montar sus propios ordenadores clónicos; la informática ya no era a nivel de pequeño distribuidor, era a nivel de tienda… cada pequeño comercio local ensamblaba sus propios equipos clónicos para la venta. Así me hice con un 386DX a 33 Megahercios allá por el año 1991. En ese momento se abrió un nuevo mundo, el mundo del clónico que permitía la compra a un precio muy inferior comparado al ordenador de marca, y permitiendo también una configuración mucho más personalizada… mayores posibilidades en la ampliación.

Los ordenadores portátiles vieron reducido mucho su precio de venta al público…

A partir de ahí compré un Intel 486DX2 en 1994, y los equipos que vinieron hasta el año 2006 fueron montados por mí… compraba las piezas y los ensamblaba en mi domicilio. Y como yo, mucha gente. Pero ya con la entrada en el nuevo siglo los ordenadores de marca y, sobre todo, los ordenadores portátiles, vieron reducido mucho su precio de venta al público… y volvieron a entrar en competencia directa con el ordenador clónico.

En mi caso personal en los últimos años he preferido comprar ordenadores de marca de diferentes fabricantes, y los últimos equipos que he tenido han sido firmados por el fabricante de Hong Kong Lenovo, empresa que compró la informática personal de IBM hace unos años ya, y donde el Gigante Azul cuenta con un importante porcentaje de las sus acciones ¿Por qué compro ordenadores de ese fabricante? Porque me ha ido muy bien con la marca; porque son equipos robustos, y España cuenta con un importante distribuidor Lenovo. Actualmente mi ordenador de casa es un Lenovo H520S equipado con un microprocesador Intel i5-3330, que fue adquirido en el año 2013 y, en la actualidad, sigue funcionando como se espera de un ordenador.

La decisión de tirar por un fabricante u otro debe ser propia.

¿Ordenador clónico u ordenador de marca? Evidentemente muchas personas con conocimientos de informática y de hardware se decantan por crear sus propios ordenadores comprando las piezas, para después ejecutar sus personalizaciones. Pero para los usuarios que quieren tener el menor número de problemas posibles con la informática, que no quieren introducirse en profundidades de esta ciencia, y que no desean caer en un mundo de placas, circuitos, y otras características que desconocen, lo mejor puede ser el ordenador de marca ¿Alguna marca para recomendar? Pues en los últimos años no puedo hablar de otro fabricante porque solo he trabajado con Lenovo… la decisión de tirar por un camino u otro debe ser suya, estimado lector.

Sí les voy a dar un consejo muy importante a la hora de adquirir el ordenador; lo importante es comprar un equipo que incluya un procesador y una placa base con posibilidades, y no me refiero a comprar los más caros del momento, sino a comprar los modelos que permitan mejorar el conjunto cuando pasen los años. Y ahí es donde radica la característica que más me gusta de Lenovo, los equipos, y en cada momento temporal, vienen ensamblados con procesadores y placas base de importantes posibilidades.

No hace falta «matar moscas a cañonazos» para visitar páginas web y hacer documentos Word.

Otro consejo importante es que la compra de un ordenador debe centrarse en las necesidades reales de cada usuario… no hace falta «matar moscas a cañonazos» para visitar páginas web y hacer documentos Word, ni hay que escatimar en características si se van a realizar tareas de edición de vídeo, o animación 3D, por ejemplo. Creo que ambos consejos que dejo aquí escritos son los más importantes, lo demás a elección de cada uno.

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Opinión

Un museo de la informática clásica en una central térmica

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central términa

En el año 2005 impartí en una central térmica formación técnica en hardware personalizada para dos  de sus empleados, y en aquella central tuve acceso a una habitación que sería el deseo de cualquier amante de la informática clásica.

En el año 2005, cuando contaba treinta y un años, trabajaba en una empresa de informática donde, principalmente, impartía formación en cursos técnicos tanto de software como de hardware… programación, montaje y reparación de ordenadores, instalación y mantenimiento de redes informáticas

Me asignaron una formación personalizada a dos empleados técnicos de una central térmica perteneciente a una de las empresas de energía más importante de España.

Corría el mes de abril y contrataron a mi empresa para dar una formación personalizada a dos empleados técnicos de una central térmica perteneciente a una de las empresas de energía más importante de España. La formación debía ser impartida en la propia central térmica. Me asignaron el curso, en realidad era el único profesor de cursos técnicos en mi empresa, y durante dos meses me desplacé diariamente a la central para formar a los empleados en todo aquello que ellos me pidieran en cada jornada.

Los sistemas de hardware empleados allí no eran comunes o habituales, pero primero empecé por enseñarles a montar y desmontar un ordenador PC estándar… primero un clónico, y después algunos ordenadores de marca que tenían por allí, como por ejemplo ordenadores Hewlett-Packard. Pero allí había equipamiento más complejo y muy enfocado al sector industrial.

Allí trabajaban con armarios que en su interior albergaban tarjetas backplane.

Una vez trabajado sobre los conceptos más fundamentales de un ordenador PC, nos metimos de lleno en el mundo industrial… allí trabajaban con armarios que en su interior albergaban tarjetas backplane ¿Qué es una tarjeta backplane? Pues es, en si misma, un ordenador complejo. Cada tarjeta backplane contaba con su procesador, su memoria RAM, su bus de conexión… en cada armario se introducían varias tarjetas en serie… aquello era un armario de ordenadores.

Aquellos armarios eran utilizados para las mediciones de la central térmica… había sensores, y cada tarjeta backplane tenía una función muy concreta de recoger información en serie de los sensores. En su interior [backplane] contaba con los primeros discos sólidos que pude ver en la informática, unos chips de pequeña capacidad para almacenar la información, ya que las vibraciones del lugar impedían el correcto funcionamiento de un disco duro mecánico estándar. Y debido a la pequeña capacidad de esos primitivos discos sólidos, en cada backplane se instalaba el kernel de Linux y poco más.

Contaban con algunos servidores muy potentes para otros menesteres que rodaban bajo un sistema operativo poco habitual como era el VMS.

Así que allí trabajaban mucho con equipamiento industrial y con Linux, después contaban con algunos servidores muy potentes para otros menesteres que rodaban bajo un sistema operativo poco habitual, como era el sistema operativo VMS, diseñado en su momento para el famoso ordenador DEC VAX, y que en el año 2005 utilizaban montado en un servidor con procesadores Intel Xeon… un equipo con lo último en hardware… en aquellos años DEC ya formaba parte de Hewlett-Packard. Para utilizar el sistema operativo VMS se utilizaba un emulador de consola VAX-VMS.

Un día, en el descanso de unas clases, los dos alumnos me invitaron a conocer una sala donde guardaban todo aquel producto informático retirado de la central térmica. Me llevaron a una habitación de unos cien metros cuadrados donde, en perfecto orden, estaba almacenado todo aquello que iban retirando… y estaba almacenado criterio y esmero.

Cuando accedí a aquella habitación quedé maravillado…

A lo largo de muchos años, y no sé con qué intención, guardaban todo y no se deshicieron de absolutamente nada, y cuando accedí a aquella habitación quedé maravillado… ¡era un auténtico museo de la informática clásica! Allí había ordenadores realmente antiguos, armarios de cinta magnética, discos duros gigantescos —de aquellos que pesaban unos cuántos kilos— había muchos armarios de backplane retirados, muchas tarjetas backplane, teclados, ratones, monitores antiguos —aquellos de fósforo ámbar—, incluso componentes sueltos. Uno de los alumnos me comentó que algunas cosas las abría para experimentar con ellas, de hecho tenían allí un enorme disco duro totalmente abierto donde era evidente que alguien había revuelto en su interior.

Nunca he vuelto a acceder a una habitación privada con tanto valor histórico de la informática, pero catorce años después no he olvidado aquellos minutos que estuve por allí dando vueltas y mirando todo lo que allí había, que era de incalculable valor para cualquier amante de la historia de la informática clásica.

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