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Aquellas bromas informáticas de los noventa...

  • por Manuel Llaca
  • 26 may 2019
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Aquellos años ochenta y noventa donde todo era más rudimentario y cercano a lo abstracto fueron muy especiales... y en este artículo quiero dedicar un espacio a las bromas informáticas del momento.


En este blog ParcelaDigital escribo, principalmente, sobre los años ochenta y noventa, porque fueron años donde la informática era especial... más rudimentaria y cercana a lo abstracto. Hace tiempo que tenía en mente dedicar un pequeño espacio a las bromas informáticas de aquellos años de una ciencia dedicada a un ordenador personal todavía en nacimiento. Y no deseaba recopilar bromas descritas por terceros, sino tratar algunas que viví en primera persona. A continuación haré un relato sobre aquellas pequeñas historias reales.

Neko: El gato detrás del ratón


Quizás la broma informática más famosa de los años noventa sea la del gato Neko, una aplicación de código abierto creada por Masayuki Koba en un ordenador NEC PC-9801. En primer lugar comentar que Neko es gato en japonés, y la finalidad de aquella aplicación era la de mostrar un gato corriendo detrás del puntero del ratón del sistema operativo. Cuando el cursor paraba, el gato hacía lo mismo, y si no era movido el ratón en un plazo de tiempo, el gato terminaba por echarse a dormir al lado de la flecha.

El primer pensamiento de la victima de aquella broma fue que le había entrado un virus en el ordenador...



En la segunda mitad de los noventa trabajaba en un centro informático y allí, cuando empezó a ser distribuido Neko por todo el mundo, le cambié a un compañero el icono de acceso directo al Microsoft Word, para enlazarlo -sin cambiar el dibujo del icono- al ejecutable de Neko. Así la victima se asustó al ver que un gato que corría detrás de su cursor de Windows 95. El primer pensamiento de la victima de aquella broma fue que le había entrado un virus en el ordenador...

Un simulador de formateo


Un día decidí gastar una broma a un compañero al cual le debía alguna que otra venganza por el mismo hecho a la inversa. En un rato libre en casa escribí una aplicación en lenguaje Clipper que simulaba al 100% el proceso de ejecución del formateo de una unidad desde la línea de comandos CMD -el «FORMAT C:» de toda la vida-.

Enlacé aquel programa a un acceso directo con el icono de Word, y le quité el auténtico del procesador de textos del escritorio. Cuando se sentó en el ordenador y abrió el Word, en vez de ser ejecutado el procesador de textos, apareció una ventana de comandos siendo ejecutado mi falso formateador.

Al pulsar la tecla «N» en la ventana de confirmación para cancelar, en pantalla mostró un «Sí» y continuó el proceso.



De la misma forma que hacía el auténtico Format, se mostraba una ventana de confirmación, y cuando mi compañero pulsó la tecla «N» para «no confirmar» y cancelar, en pantalla mostró un «Sí», y aquella aplicación inició el proceso de formateo del disco duro principal con el porcentaje de progreso en aumento.

En un comando Format auténtico, y con la combinación de teclas Control + C, se interrumpía el proceso... en mi falso formateador con cada pulsación de la tecla de interrupción el porcentaje avanzaba más rápido. Se quedó pálido pensando que se había quedado sin la información del disco duro. A los pocos minutos se dio cuenta de que todo formaba parte de una broma.

Broma con una grabadora de CD


A finales de los noventa empezaron a aparecer en el mercado las primeras grabadoras de CD, pero a un precio muy alto. Un amigo deseaba tener una de esas grabadoras, así que al llegar su cumpleaños, y en conveniencia con su pareja, nos juntamos unos cuántos de la pandilla de amigos y le compramos una grabadora. Pero en el grupo decidimos gastarle una broma durante la entrega del detalle.

Conseguí una unidad lectora de CD-ROM averiada y la golpeamos por todas partes.



A alguien se le ocurrió entregar de mano una unidad que estuviera totalmente destrozada, como si hubiera pasado por encima una carretilla de almacén durante su transporte. Conseguí una unidad lectora de CD-ROM averiada, la golpeamos por todas partes, y la empaquetamos. El día de su cumpleaños primero le entregamos el paquete falso el que, además, fue envuelto con esmero para que fuera difícil su desempaquetado. Al final logró desempaquetar aquel paquete y se encontró una unidad completamente destrozada... y la cara que se le quedó fue yodo un poema. No se dio cuenta que aquella falsa unidad no era una grabadora, sino una lectora vieja y averiada. Finalmente le dimos la auténtica grabadora y por fin se relajó.

Por cierto, le encantó el regalo del grupo de amigos.

El ordenador maldito que no encendía


En el año 1997, y durante varios meses, asistí como alumno a un curso de formación en hardware, concretamente dedicado al aprendizaje sobre montaje y reparación de ordenadores, y gestión de redes locales y comunicaciones. El curso discurrió por cauces normales durante varios meses y, cuando ya estábamos terminando el periodo formativo, el profesor decidió que había que hacer una práctica de reparación sobre un caso real de ordenador «averiado» o «indebidamente montado».

Dividió al grupo de alumnos en dos grupos de cinco personas, y pidió a cada grupo que cogiera un ordenador del aula montado y perfectamente operativo y se le hicieran todas las puñetas -arreglables, claro está- que se nos ocurrieran para, posteriormente, entregar ese ordenador al grupo opuesto para que fuera reparado.

El grupo opuesto hizo múltiples cambios, los típicos... poner al revés la manguera de la unidad de disco flexible o del disco duro, no conectar la corriente a alguno de los dispositivos, dejar un módulo de memoria RAM sin conectar del todo, configurar mal la velocidad de la placa base... etcétera. Nuestro grupo solo hizo un único y sencillo cambio, sin tocar nada más.

El grupo contrario estuvo las cinco horas lectivas de ese día intentando buscar el problema sin llegar a resolverlo al finalizar la clase.



Nuestro grupo encontró todas las trampas rápido, y enseguida pusimos en marcha el ordenador; el grupo contrario estuvo las cinco horas lectivas de ese día intentando buscar el problema sin llegar a resolverlo al finalizar la clase ¿Qué habíamos hecho? Poner un «jumper» de dos posiciones en el switch de dos pines del control de reset en la placa base... el ordenador estaba continuamente reseteado y por eso no encendía.

No encontraron el problema, y ya hubo alguna que otra risa, pero aquello acabó en conflicto entre los dos grupos porque las victimas de nuestra trampa nos acusaron de hacer aquello a mala fe... en realidad el profesor había pedido que hubiera la mayor mala fe posible, siempre y cuando el problema tuviera reparación...

Unos momentos de buen humor nunca vienen mal...

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