En este vídeo descubrimos el Commodore MAX Machine, un ordenador extremadamente básico lanzado en Japón en 1982. Concebido casi como una consola de videojuegos de bajo coste y con apenas 2 KB de RAM, escondía un gran secreto: en su interior latían el chip gráfico VIC-II y el legendario chip de sonido SID. Estas eran las mismas piezas tecnológicas que, poco después, catapultarían al Commodore 64 al estrellato absoluto.
Acompáñame a desenterrar este curioso y breve capítulo de los años 80, y descubre cómo las limitaciones de esta pequeña máquina sentaron las bases para el éxito del ordenador doméstico más popular de todos los tiempos.