A mediados de los años 70, cuando los ordenadores aún ocupaban habitaciones enteras, Motorola presentó un pequeño chip que marcaría el inicio de una nueva era: el Motorola 6800. Era un microprocesador de 8 bits, con un bus de direcciones de 16 bits capaz de manejar hasta 64 kilobytes de memoria. Funcionaba a apenas 1 MHz, pero bastaba para mover los primeros sistemas embebidos, kits de aprendizaje y los pioneros microordenadores personales. Con unos 4.100 transistores en su interior, el 6800 fue un prodigio de ingeniería para su época. Su arquitectura limpia y su conjunto de instrucciones inspirarían directamente a otros procesadores legendarios, como el MOS 6502 o el Motorola 6809, base de muchos ordenadores de los 80.
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